Archive for the 'Derechos y democracia' Category

jul 24 2007

Delisle en Corea

He sido desde siempre un gran defensor de los los tebeos. En realidad, mi iniciación a la lectura comenzó gracias a las contribuciones de Tintín, Astérix, El Príncipe Valiente, Blueberry y otros tantos personajes que llegaban por mano de mi padre, cuando me compraba algunos libros en la Feria del Retiro y varios de ellos eran comics. En vista de que ahora se pone en entredicho la profesión caricaturista, aprovecho para hablar del noveno arte.

Y es que por recomendación de mi amigo Raúl he leído una de las obras de Guy Delisle,
dibujante canadiense que sigue la vocación por el comic político que ya habían ensayado con grandísima calidad artística Art Spiegelman (Maus) o Marjane Satrapi (Persépolis). Pyongyang es la historieta de Delisle que he leído con verdadera fruición. Su estilo, aunque incorpora, como en los antedichos creadores, la denuncia y el escarnio de regímenes dictatoriales, introduce asimismo un peculiar sentido de humor, distante pero afilado, que ayuda a que su historia nos parezca más verosímil.

El autor, en efecto, no ha sufrido, como en los casos arriba descritos, las secuelas directas o indirectas de la represión política, pues narra sólo sus peripecias como visitante ocasional en Corea del Norte. Así que el sentido de humor que utiliza nos puede parecer a menudo superficial y cómodo, pero no por ello su crítica deja de ser implacable, viñeta a viñeta, en este locuaz relato. Lo descrito por Delisle es precisamente la cotidianeidad opresiva. Sabe que no es una víctima real del régimen norcoreano, que se encuentra sólo de paso allí, para realizar un encargo profesional. Se pregunta dónde están los auténticos damnificados y, sobre todo, por la alienación que sufren los coreanos con los que trata en la tierra de Kim Il Jong. Pyongyang tiene así una mezcla de perplejidad, indignación y melancolía que logra llegar hasta nosotros sin recurrir a la épica o al melodrama facilón.

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jul 14 2007

Hoy es 14 de julio

Al margen de los comentarios coyunturales que puedan realizarse sobre la celebración y el ceremonial orquestado por Sarkozy hoy en el vecino país, me parece conveniente recordar el significado de la conmemoración del 14 de julio. A partir de 1789 y de este día concreto, la Historia nunca volvió a discurrir por idénticos carriles. Es verdad que antes, hacía algo más de una década, en las trece colonias americanas, y si nos remontamos atrás, a 1642 en Inglaterra, la época moderna ya había dado sus primeros frutos, originando cambios y convulsiones de cuyas consecuencias aún somos herederos.

Pero la Revolución francesa implicó definitivamente otra forma de entender el mundo político, de comprender la innovación humana y su capacidad crítica, el establecimiento de fundamentos nuevos para la creatividad y la acción, para la posibilidad de transformaciones nunca consideradas antes. El triunfo de la Revolución supuso que se engendraran categorías emancipadoras cuyo influjo nos alcanza, indudablemente:”pueblo”,”supresión de privilegios”, “república”, “sufragio”, “igualdad”, “derechos”, “ciudadanía”, “constitución”…el éxito de la conmoción francesa pronto se extendió a otros lugares del planeta; y todos aquellos que disfrutan de algún grado de democracia, de libertades y autogobierno, son hijos de aquel acontecimiento insólito. Y para quienes no posean tales bienes, nunca dejará de ser símbolo de un futuro esperanzador. Por todos ellos, celebro hoy la toma de la Bastilla. Porque el hombre quizás no pueda vivir sin alguna insignia, y esta es una de las que gozan aquellos que carecen de privilegios y quienes luchan por la emancipación política y social.

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jul 09 2007

Oriente

Últimamente se escribe y habla mucho acerca de China. El gigante asiático amenaza con expandirse sobre el extremo oriental del mapa. E intenta vender escaparates de imposible composición. Hong Kong, por mucho que nos digan, no es un sistema autónomo dentro de la República Popular China, país que ha aprendido lo peor del capitalismo peleón, combinándolo con el viejo rigor comunista. Hay pocas cosas peores que esa clase dirigente, combinación de empresario sin escrúpulos y burócrata inflexible (quizás el absurdo y ultratiránico esquema de Corea del Norte). Y que encima sabe cómo venderles mercancía barata a todos los proletarios occidentales. Quienes entran en las tiendas de “todo a cien” (ahora “a un euro”, no hay reparos ante estas nimias reconversiones) son aquellos que poseen menos poder adquisitivo en las grandes ciudades. Eso por no hablar de los cientos de miles de aparatos con marca japonesa que exporta aquella nación oriental. Paradoja, pues: la China comunista provee una revolución del consumo, es la mejor potectora del capitalismo. Y al mismo tiempo, ahora su más implacable guardiana. El arma favorita de la cual dispone es la de no reconocer derechos y libertades a sus súbditos.

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