sep 02 2007

London

Published by Ricardo Cueva at 15:44 under De nómadas y travesías

Como se habrá podido comprobar, lo cierto es que llevo un tiempecillo sin escribir en el blog. Estando de vacaciones, uno se encuentra con demasiadas cosas pendientes, e incluso, en mi caso, con una sorpresa fundamental. De cualquier forma, puedo ahora contar algo sobre el viaje a Londres que me condujo por una semana a la capital británica y del que he regresado hace poquito. Aunque prometo ampliar estas notas, sirvan de momento para entrar en materia al lector.

No puedo decir que la ciudad me defraudara de manera tajante, pero es verdad que carece del atractivo que sí poseían otras que haya podido ver. El cielo encapotado durante todo el día me imagino que también contribuyó a una cierta incomodidad y las fotos extraídas de mi estancia son la prueba más clara de las desagradables condiciones climáticas de la capital inglesa, que recuerdo deslució muy especialmente Trafalgar Square en una de mis excursiones. Tampoco creo que ayudara a sentirse cómodo ese tropel de calles sin señalizar, con nombres parecidos y edificios que se tapan unos a otros en complicado abigarramiento. Y menos aún los transportes públicos de inadecuada y a menudo desastrosa infrestructura o la especulación constante cada vez que uno quiere cambiar euros a libras.

Desde luego, eso sí, se pueden hallar lugares maravillosos en Londres, por los que merece la pena viajar hasta allí.

Uno de ellos es el Soho. Un cúmulo cosmopolita de tiendas, pubs, teatros y restaurantes en el cual se ancla el barrio chino creado por los inmigrantes de Hong Kong y que destaca por su juvenil ambiente nocturno. Otros lugares maravillosos son Camden Town, con animado comercio minorista, y la ribera del Támesis denominada South Bank, que cuando se visita por la noche permite escuchar los acordes de los violinistas o de un viejo cantante de blues, a la luz de las farolas y de las pequeñas bombillas que cuelgan de los árboles. En ese paseo me encontré asimismo con el Shakesperare’s Globe, reconstrucción del espacio teatral isabelino, así como con el Royal Festival Hall, en este temporada custodiado por varios soldados imperiales de Star Wars (cosas de la sensibilidad estética londinense).

Lo otro que nadie puede perderse si va a Londres son los museos, que, además, son muchos de ellos gratuitos (afortunadamente, pues en los monumentos que no lo son pueden cobrarse entradas que llegan hasta los veinticuatro euros). La National Gallery, Tate o el British Museum son de los más conocidos y mejor provistos, pero no dejaría de subrayar que también la National Portrait Gallery, que recoge retratos pertenecientes a todas las épocas, de los hombres y mujeres más célebres del país, y escogidos con gusto e inteligencia, puesto que permiten al mismo tiempo conocer la historia británica con detalle.

Luego están los pequeños rincones. Clerkenwell Green, una placita situada al noroeste, cerca del metro Farringdon, es tranquila y acogedora, el epicentro de la zona donde se hospedaba en el siglo XIX la comunidad italiana. Las plazas de Bloomsbury. Parliament Hill.

Londres es una ciudad inmensa, en cualquier caso. Imposible de abarcar en pocos días. Un gigante económico habitado por millones de personas que andan afanosas por sus calles (y no olvidemos que es agosto), y que produce ella sola lo equivalente a Suiza. Sus ciudadanos son coriáceos, resitentes a todo tipo de males y cambios y harían falta desastres sin fin para acabar con su espíritu. Si me preguntaran, yo diría que Londres resulta ser eso: un conjunto de personas animadas por el mismo espíritu indomable, idéntico movimiento continuo.

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One Response to “London”

  1. Rosa J.C.on 02 sep 2007 at 19:20

    Te echábamos de menos, Nearco.

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