Jul 09 2007
Oriente
Últimamente se escribe y habla mucho acerca de China. El gigante asiático amenaza con expandirse sobre el extremo oriental del mapa. E intenta vender escaparates de imposible composición. Hong Kong, por mucho que nos digan, no es un sistema autónomo dentro de la República Popular China, país que ha aprendido lo peor del capitalismo peleón, combinándolo con el viejo rigor comunista. Hay pocas cosas peores que esa clase dirigente, combinación de empresario sin escrúpulos y burócrata inflexible (quizás el absurdo y ultratiránico esquema de Corea del Norte). Y que encima sabe cómo venderles mercancía barata a todos los proletarios occidentales. Quienes entran en las tiendas de “todo a cien” (ahora “a un euro”, no hay reparos ante estas nimias reconversiones) son aquellos que poseen menos poder adquisitivo en las grandes ciudades. Eso por no hablar de los cientos de miles de aparatos con marca japonesa que exporta aquella nación oriental. Paradoja, pues: la China comunista provee una revolución del consumo, es la mejor potectora del capitalismo. Y al mismo tiempo, ahora su más implacable guardiana. El arma favorita de la cual dispone es la de no reconocer derechos y libertades a sus súbditos.
pretende ser un cuaderno sobre reflexiones cercanas a la cultura y al pensamiento críticos, y donde también resultará inevitable el apunte personal acerca de recuerdos, vivencias y aficiones varias.